dissabte, 13 d’agost de 2016

Hands, de Moya Cannon







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2 comentaris:

Elfreelang ha dit...

el meu anglès és deficient i amb prou feines l'entenc sobretot així escoltant si fos escrit encara capiria alguna cosa més però sona bé!

matilde nuri i espona ha dit...

Hola Elfree,
aquí et deixo el poema 'Hands' que he trobat al blog Eterna Cadencia
versió original i traducció al castellà

Gràcies!



Fue en algún lugar sobre la costa noreste de Brasil,

sobre Fortaleza, una ciudad de la que nada sé,

salvo que está llena de gente

cuyas vidas son un misterio

mayor que el río Amazonas;

fue ahí, mientras el avioncito del monitor de vuelo

se desplazaba al ecuador

y viraba al este hacia Marruecos,

cuando empecé de nuevo a pensar en las manos,

en lo extraño que es que nuestras vidas

–la vida de la francesita pelirroja a mi izquierda,

la vida del niño argentino a mi derecha,

mi vida y las vidas de todos los pasajeros dormidos

que están siendo rápidamente transportados en la oscuridad

sobre el oscurecido Atlántico–,

todas esas vidas ahora estuvieran siendo sujetadas

por las manos del piloto,

y pienso en otras manos que pueden sostener nuestras vidas,

las manos del cirujano

a quien tendré que volver a ver cuando llegue a casa,

las manos de la inteligente enfermera de cabello negro

que desenrolló de mi cuello el cordón umbilical,

las suaves manos de mi madre,

las manos de esos otros

que me quisieron

hasta que parece casi

como si esto fuera lo que es la vida humana:

ser pasado de mano en mano,

ser, improbablemente, llevado sobre un océano.





For Eamonn and Kathleen

It was somewhere over the north eastern coast of Brazil,

over Fortaleza, a city of which I know nothing,

except that it is full of people

the life of each one a mystery

greater than the Amazon river,

it was there, as the toy plane on the flight monitor

moved over the equator

and veered east towards Marrakech,

that I started to think again of hands,

of how strange it is that our lives –

the life of the red-haired French girl to my left,

the life of the Argentinean boy to my right,

my life, and the lives of all the dozing passengers,

who are being carried fast in the dark

over the darkened Atlantic-

all of these lives are now being held

in the hands of the pilot,

in the consciousness of the pilot,

and I think of other hands which can hold our lives,

the hands of the surgeon

whom I must meet again when I return home,

the hands of the intelligent, black-haired nurse

who unwound the birth-cord from my neck,

the soft hands of my mother,

the hands of those others

who have loved me,

until it seems almost

as though this is what a human life is,

to be passed from hand to hand,

to be borne up, improbably, over an ocean.